Perdí las llaves

Dejé queriendo la puerta abierta,
y en la cerradura las llaves colgando.
Yo supe del rostro que a mí me mostraba
en la entrada del espejo que me reflejaba.

Vi y oí sus fuertes pisadas arrastradas.
Sentí su sombra abrazando la llama.
Metí las llaves en su bolsillo más externo.
Cerré la puerta y él me miró por dentro.

Quise enseñarle la cocina, a lo que él,
muy hábil, encendió el gas y prendió fuego.
En el baño se dejó el grifo de lágrimas corriendo,
y en el salón reconoció la colección de mis pensamientos.

Llegamos al dormitorio y empezó a llenar de despertadores el silencio.
Después quiso él redescubir el sótano que yo misma desconocía.
Porque no me atreví a entrar, ni tampoco a detenerlo;
A día de hoy sé por sus huellas que pisó el centro.

Pero lo peor, adelanto, que no fue a razón de eso.
Emergió de las escaleras y de excusas puesto,
alegó su salida y con la llave fuera me cerró dentro.
No es que robara nada, es que dejó su recuerdo.

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